En corto: la dismenorrea es el nombre médico del dolor menstrual: los cólicos en el bajo vientre que aparecen justo antes o durante la regla y que pueden extenderse a la espalda baja y los muslos. Se clasifica en dos tipos: dismenorrea primaria, cuando no hay una enfermedad pélvica detrás y el dolor proviene de las prostaglandinas que hacen contraerse al útero, y dismenorrea secundaria, cuando lo origina una condición identificable como endometriosis, miomas o adenomiosis. Es frecuente —el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) señala que más de la mitad de las personas que menstrúan tienen algún dolor uno o dos días al mes—, pero frecuente no es sinónimo de esperable: el dolor que impide la vida diaria merece una consulta.
De dónde viene la palabra
Dismenorrea se arma con tres piezas del griego: dys- (difícil), men (mes) y rhein (fluir). Literalmente, «menstruación difícil». Es un término descriptivo, no un diagnóstico cerrado: nombra el síntoma —duele menstruar— sin decir todavía por qué. Esa distinción es la que ordena todo lo demás, porque el dolor menstrual puede ser el funcionamiento ruidoso de un útero sano o la señal de algo que conviene revisar.
Por eso, en la práctica, la primera pregunta clínica no es «¿duele?», sino «¿de qué tipo es este dolor?».
Los dos tipos: primaria y secundaria
| Dismenorrea primaria | Dismenorrea secundaria | |
|---|---|---|
| Origen | Prostaglandinas y contracción uterina, sin enfermedad pélvica detrás | Una condición identificable: endometriosis, miomas, adenomiosis, quistes ováricos |
| Cuándo aparece en la vida | Suele empezar en la adolescencia, en los primeros años de menstruación | Suele aparecer más tarde, tras años de reglas sin dolor |
| Momento del ciclo | Horas antes o al iniciar el sangrado; más intenso en las primeras 24 a 48 horas | Puede empezar varios días antes y continuar después de que el sangrado termina |
| Evolución | Mantiene un patrón parecido mes a mes | Tiende a cambiar o intensificarse con el tiempo |
| Qué implica | Manejo del dolor | Estudio de la causa, además del manejo del dolor |
Dismenorrea primaria
Es la más común y la que responde a un mecanismo bien descrito. Durante la menstruación, el revestimiento del útero libera prostaglandinas, unas sustancias que provocan que el músculo uterino se contraiga para desprender ese tejido. Cuando las contracciones son intensas, comprimen los vasos que irrigan la zona y el músculo trabaja con menos oxígeno: eso es el cólico.
El ACOG explica por qué el dolor suele concentrarse al principio: es cuando la concentración de prostaglandinas está más alta, en las primeras 24 a 48 horas. Después baja por sí sola. La misma organización señala que más de la mitad de quienes menstrúan tienen algún dolor uno o dos días al mes, lo que la vuelve una de las razones más habituales de consulta ginecológica en adolescentes y adultas jóvenes.
Que sea común no la vuelve menor. Hay dismenorrea primaria leve, que se resuelve con una bolsa de agua caliente, y dismenorrea primaria que tumba en cama dos días. La intensidad no define el tipo.
Dismenorrea secundaria
Aquí el dolor es un síntoma de otra cosa. Las causas más frecuentes son la endometriosis —tejido parecido al del revestimiento uterino que crece fuera del útero—, los miomas, la adenomiosis y los quistes ováricos.
La endometriosis merece un párrafo aparte por su peso: la Organización Mundial de la Salud estima que afecta a alrededor del 10 % de las mujeres y niñas en edad reproductiva, es decir, unos 190 millones de personas en el mundo. También es conocida por la demora con la que se identifica, en buena medida porque el dolor intenso se normaliza durante años antes de que alguien lo estudie a fondo.
Ese es el argumento práctico de este artículo: cuando el dolor se asume como parte del paquete, nadie lo investiga. Y lo que distingue a la dismenorrea secundaria no es lo fuerte que duele, sino su patrón: apareció tarde, cambió con los meses, se extiende más allá del sangrado o llegó con síntomas nuevos.
Síntomas que suelen acompañar al dolor
La dismenorrea rara vez viene sola. En las descripciones clínicas habituales, el cólico se acompaña de:
- Dolor en la espalda baja y, con frecuencia, irradiado a la cara interna de los muslos.
- Náusea y, en algunos casos, vómito.
- Diarrea o evacuaciones más frecuentes durante los primeros días.
- Dolor de cabeza.
- Mareo, sudoración o sensación de desmayo.
- Cansancio marcado e irritabilidad.
La explicación es la misma molécula: las prostaglandinas no actúan solo en el útero. También afectan al músculo liso del intestino y a los vasos sanguíneos, así que el mismo mecanismo que provoca la contracción uterina puede alterar la digestión y la presión. No es coincidencia ni «lo lleva la regla»: es fisiología.
Cuándo consultar
Las siguientes señales no confirman nada por sí solas, pero son motivos razonables para pedir una valoración ginecológica:
- El dolor impide la vida normal —faltar al trabajo o a la escuela, no poder dormir— aunque sea solo un día al mes.
- No cede con las medidas habituales de manejo del dolor.
- Apareció después de años de reglas tranquilas o se ha ido intensificando con los meses.
- Dura más allá del sangrado o aparece en otros momentos del ciclo.
- Viene con otros síntomas: sangrado muy abundante, fiebre, flujo con mal olor, dolor durante las relaciones sexuales o al orinar.
- Dificultad para lograr un embarazo, que en ocasiones se asocia a algunas de las causas de dismenorrea secundaria.
Nada de esto se resuelve en internet. La utilidad de una lista así es tener el vocabulario para describir lo que pasa en la consulta, no para llegar con una conclusión.
Cómo se llega al diagnóstico
El proceso suele ser más conversado que instrumental, al menos al principio:
- Historia clínica. Desde cuándo duele, en qué punto del ciclo empieza, cuánto dura, dónde se localiza, qué lo alivia y qué no, cómo ha evolucionado con los años. Es la parte que más orienta.
- Registro de síntomas. Anotar durante dos o tres ciclos el día, la intensidad del dolor —por ejemplo, del 0 al 10— y los síntomas acompañantes convierte una impresión en datos. Es la información que más agradece quien atiende.
- Exploración física. Según la edad, la historia y el contexto, puede incluir exploración pélvica.
- Estudios de imagen. El ultrasonido pélvico es el más frecuente para buscar miomas, quistes o signos de adenomiosis.
- Procedimientos en casos seleccionados. La laparoscopia sigue siendo la vía habitual para confirmar endometriosis cuando la sospecha es alta.
Un apunte de honestidad: no existe una prueba única que diga «esto es dismenorrea primaria». En buena medida se llega a ella al descartar causas secundarias, y ese descarte lo hace un profesional. Un artículo puede explicar el mapa; el camino se recorre en consulta.
Manejo: lo farmacológico y lo no farmacológico
El manejo tiene dos carriles que no compiten entre sí.
El farmacológico —medicamentos de venta libre para el dolor y, en algunos casos, opciones hormonales— corresponde a la indicación de un médico o del farmacéutico. Quién puede tomarlos, cuánto y por cuántos días no es una decisión que deba salir de un blog.
El no farmacológico es donde hay más margen para probar por cuenta propia, y también donde hay evidencia que vale la pena conocer:
- Calor local. Es la medida casera con mejor respaldo. En el ensayo de Akin y colaboradores (Obstetrics & Gynecology, 2001), de las 81 participantes que lo completaron, el 70 % reportó alivio con calor tópico continuo frente al 55 % con ibuprofeno; los parches se usaron a 38.9 °C durante 12 horas continuas y los autores concluyeron que el calor resultó tan efectivo como el medicamento. El calor relaja la musculatura y mejora el flujo sanguíneo en la zona.
- Movimiento. La revisión Cochrane sobre ejercicio para la dismenorrea (Armour y cols., 2019) reunió 12 estudios con 854 mujeres y halló una reducción grande del dolor frente a no hacer nada —alrededor de 25 mm menos en la escala visual analógica—, con certeza baja y con programas de 45 a 60 minutos, tres o más veces por semana. Funciona como hábito entre reglas, no como rescate.
- Microcorrientes (TENS). La revisión Cochrane vigente (CD013331, 2024) reunió 10 ensayos con 345 mujeres y concluyó que el TENS de alta frecuencia puede reducir el dolor frente a un aparato placebo o a no hacer nada, calificando esa evidencia como de certeza baja. Está desarrollado a fondo en ¿El TENS sirve para los cólicos menstruales?.
Por qué el TENS entra en esta conversación
Porque su mecanismo es el mismo que explica un gesto cotidiano. En 1965, Ronald Melzack y Patrick Wall publicaron en Science la teoría de la compuerta del dolor: la señal dolorosa no viaja directo al cerebro, sino que pasa por la médula espinal, donde existe algo parecido a una compuerta que deja pasar más o menos señal. Las fibras que llevan tacto, presión y vibración son gruesas y rápidas; las del dolor, delgadas y lentas. Cuando las rápidas se activan mucho, ocupan el canal y la compuerta se cierra en parte. Es la razón por la que sobarse la rodilla después de un golpe funciona, y es lo que hace el TENS de forma sostenida y regulable.
Calor y microcorriente trabajan por vías distintas —uno sobre el músculo y el flujo sanguíneo, el otro sobre la transmisión de la señal—, así que se suman en lugar de estorbarse. Esa es la lógica de los aparatos 2 en 1 como Cyclofemme, que combina microcorrientes TENS y calor en un dispositivo de bolsillo, sin cables, para usarlo bajo la ropa mientras el día sigue. Es una herramienta de manejo del dolor: acompaña a la valoración ginecológica, no ocupa su lugar. Para lo que sirve el mismo día del cólico, la guía práctica está en cómo aliviar los cólicos menstruales rápido.
Lo esencial en tres líneas
La dismenorrea es dolor menstrual con nombre técnico, y ese nombre solo es útil cuando se acompaña del apellido: primaria, cuando el origen son las prostaglandinas y no hay una enfermedad detrás, o secundaria, cuando hay una causa identificable que conviene estudiar. La intensidad no decide de cuál se trata; el patrón y la historia, sí. Y la frontera entre «me pasa cada mes» y «esto hay que revisarlo» no la marca lo mucho que se aguante, sino cuánto interfiere con la vida.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la dismenorrea en palabras simples? Dismenorrea es el nombre médico del dolor menstrual: los cólicos en el bajo vientre que aparecen justo antes o durante la regla y que a veces se extienden a la espalda baja y los muslos. No es una enfermedad en sí misma, sino la descripción de un síntoma, y por eso el paso siguiente siempre es distinguir de qué tipo se trata.
¿Cuál es la diferencia entre dismenorrea primaria y secundaria? En la dismenorrea primaria no hay una enfermedad pélvica detrás: el dolor viene de las prostaglandinas, las sustancias que hacen contraerse al útero durante la regla. Suele empezar en la adolescencia, aparece con el sangrado y es más intenso en las primeras 24 a 48 horas. En la dismenorrea secundaria el dolor lo origina una condición identificable, como endometriosis, miomas, adenomiosis o quistes ováricos; suele aparecer después de años de reglas sin dolor, puede empezar varios días antes del sangrado y tiende a cambiar con el tiempo. Distinguir una de otra corresponde a un profesional de la salud.
¿Es normal tener náusea, diarrea o mareo con los cólicos menstruales? Son síntomas que acompañan con frecuencia a la dismenorrea primaria. Las prostaglandinas no actúan solo sobre el útero: también afectan al músculo liso del intestino y a los vasos sanguíneos, lo que explica la náusea, el vómito, la diarrea, el dolor de cabeza y la sensación de mareo o cansancio. Que sean frecuentes no significa que haya que aguantarlos en silencio: si son intensos o incapacitantes, se comentan en consulta.
¿Cuándo hay que consultar por dolor menstrual? Conviene una valoración ginecológica cuando el dolor impide ir a trabajar, estudiar o dormir; cuando no cede con las medidas habituales; cuando apareció después de años de reglas tranquilas o se intensificó con los meses; cuando dura más allá del sangrado o aparece fuera de la regla; y cuando viene acompañado de sangrado muy abundante, fiebre, flujo con mal olor o dolor durante las relaciones. Ninguna de esas señales confirma nada por sí sola: son motivos para revisarlo, no para autodiagnosticarse.
¿Cómo se llega al diagnóstico de dismenorrea? El camino habitual empieza por la historia clínica —desde cuándo duele, en qué momento del ciclo, cómo ha evolucionado, qué se ha probado— y suele apoyarse en un registro de síntomas de dos o tres ciclos. Según lo que se encuentre, puede seguir con exploración pélvica y estudios de imagen como el ultrasonido, y en casos seleccionados con procedimientos como la laparoscopia, que es la vía habitual para confirmar endometriosis. Todo ese proceso corresponde a un médico.
¿Qué es la teoría de la compuerta del dolor? Es el modelo que Ronald Melzack y Patrick Wall publicaron en la revista Science en 1965. Propone que la señal de dolor no llega directo al cerebro: pasa por la médula espinal, donde funciona algo parecido a una compuerta que deja pasar más o menos señal. Las fibras nerviosas que llevan tacto, presión y vibración son gruesas y rápidas; las del dolor son delgadas y lentas. Cuando las rápidas se activan mucho, ocupan el canal y la compuerta se cierra en parte, así que sube menos señal de dolor. Es el fundamento del TENS y la razón por la que sobarse un golpe alivia.
Fuentes
- American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) — Dysmenorrhea: Painful Periods. (Más de la mitad de las personas que menstrúan tienen dolor uno o dos días al mes; la dismenorrea primaria se asocia a las prostaglandinas y el dolor es mayor cuando su concentración es más alta.)
- Organización Mundial de la Salud (OMS) — hoja informativa sobre endometriosis. (Afecta a cerca del 10 % de las mujeres y niñas en edad reproductiva: alrededor de 190 millones de personas en el mundo.)
- Melzack R., Wall P.D. Pain Mechanisms: A New Theory. Science, 1965. (Teoría de la compuerta del dolor.)
- Han H. y cols. Transcutaneous electrical nerve stimulation (TENS) for the treatment of primary dysmenorrhoea. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2024, CD013331. (10 ensayos, 345 mujeres; el TENS de alta frecuencia puede reducir el dolor; certeza baja.)
- Armour M. y cols. Exercise for dysmenorrhoea. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019, CD004142. (12 estudios, 854 mujeres; reducción de alrededor de 25 mm en la escala visual analógica frente a no tratar; certeza baja; programas de 45-60 minutos, 3 o más veces por semana.)
- Akin M.D. y cols. Continuous low-level topical heat in the treatment of dysmenorrhea. Obstetrics & Gynecology, 2001;97(3):343-349. DOI: 10.1016/s0029-7844(00)01163-7. (n = 81 completaron; alivio en 70 % con calor frente a 55 % con ibuprofeno; parches a 38.9 °C durante 12 horas continuas.)
Este contenido es informativo y de bienestar; no reemplaza la orientación de un profesional de la salud.